Todos sabemos que las borrascas, en general, usan como puerta de entada en el país las hermosas tierras de Galicia... De allí nos vienen los cielos nubosos, los aguaceros desapacibles, los meses oscuros, que pueden dar una fantástica primavera. El proceso (que suele ser la garantía de un año normal) se solventa en un tiempo prudencial que nuestro refranero define perfectamente: "marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso". El problema es cuando esta situación se alarga durante demasiado tiempo lo que produce un hartazgo de "mal tiempo", de modo que cualquier esperanza de sol es bienvenida.
Esto es lo que nos ha pasado en relación a la política: hemos elegido un gobierno presidido por un paisano de la bella tierra gallega, olvidando que las borrascas vienen de Galicia, lo que en sí mismo no es malo. Si el fenómeno fuera normal, a estas horas estaríamos pensando no ya en "brotes verdes" sino en praderas floridas, arroyos cantarines y, por doquier, explosión de la vida. No ha sido así, la borrasca sigue instalada sobre nuestras cabezas, manteniendo los cielos nubosos y el fastidio de los días desapacibles. Eso es lo que ocurre con Rajoy: nos ha traído la promesa de los tiempos bonancibles (no se sabe para cuando), una sociedad más rica (quitándonos todo), una sociedad con trabajo (aumentado las tasas del paro), una mayor confianza en el futuro (destruyendo el "contrato social" que todos habíamos conquistado). en fin, un camelo de alguien que nos quiere cambiar el "clima".
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