El neoliberalismo, bajo la creencia de que el dinero donde está bien es en los particulares, en la iniciativa privada -pues son estos los que tienen la capacidad de gestionarlo bien-, es insolidario. Esto que ya es grave de por sí; en manos de políticos con poca capacidad gestora y con menos sensibilidad social, provoca, como ha ocurrido con el conflicto de las basuras de Madrid, una cascada de decisiones, declaraciones y reflexiones por parte de los dirigentes políticos del Ayuntamiento de Madrid, cuando menos infumables.
Así, el problema del conflicto es de los "incontrolados de siempre" -los trabajadores que forman parte de los piquetes...-, ni una palabra sobre las decisiones "brutales" de enjugar las previsibles pérdidas de las empresas adjudicatarias del servicio de basuras sobre las espaldas de los trabajadores. La irresponsabilidad de las empresas que asumen un servicio claramente por debajo de la necesaria rentabilidad y un ayuntamiento que propicia este tipo de contrataciones dan como resultado cosas como las vividas por los madrileños en relación a la recogida de la basura.
Como los trabajadores incontrolados van a estar siempre ahí, la señora alcaldesa arremete contra el derecho de huelga: habría que acabar con este derecho de los asalariados que lo único que hace es defender los derechos duramente adquiridos a lo largo de muchos años de lucha.
Si hay algo que podemos aprender sobre esta huelga es que: hay que impedir que un responsable político pueda ser nombrado al margen del dictamen del voto de los electores...; es necesario que el responsable político tenga el mínimo de capacidad de gestión para llevar adelante, de un modo más o menos digno, la complejidad de la "cosa pública"; y, por último, que una huelga se puede resolver de modo más equitativo y civilizado -sin la dureza de la pérdida masiva de empleos o el drástico empobrecimiento de las plantillas- por medio de la lógica de la negociación, y no, como dice la alcaldesa de Madrid, gracias a la maravillosa ley que ha flexibilizado el mercado de trabajo hasta límites de convertir el que, en principio, es un bien en una maldición bíblica.
Al final, hay muchos responsables políticos a los que, a base de externalizar y "dejar hacer", solo les va a quedar como área de gestión, un nuevo departamento, el de las ideas y para esto ya hay muchos candidatos en este país.