Sabas Martín, en
su Ritos y leyendas guanches (Miraguano, 1988), nos deja una deliciosa
explicación de la creación del mundo según la creencia de los guanches. El
autor nos cuenta que "Achamán, dios poderoso y eterno" decide, como
la mayoría de los dioses, ordenar el mundo, y nos dice que "antes de él
solo había la nada y el vacío, y el mar no reflejaba el cielo y la luz aún
carecía de colores". Para arreglar este estado de cosas "Achamán
mezcló tierra y agua hasta formar una abundante masa de barro de la que sacó
cierto número de hombres y mujeres. Entregándoles luego todo el ganado
necesario para su sustento".
Hasta aquí todo
va bien, pues el inevitable dios alfarero crea al hombre y le facilita el
sustento, aunque a veces hasta los dioses cometen errores o actúan
maliciosamente, como ahora veremos. Después de un cierto tiempo "Achamán
tomó la determinación de crear más gente. (...) Mas a los recién creados
no les entregó ganado para su sustento, pues todo lo había dado ya a los
primeros". Seguramente a Achamán no le complacía o no sabía muy bien qué
era eso de la justa distribución de la riqueza, aunque, más bien, en base a la
solución que propone para resolver el problema que él mismo había creado,
pareciera que nos encontráramos ante un tempranísimo dios neoliberal. La
solución que da al problema de la falta de sustento a la segunda tanda de
hombres y mujeres que creó fue decirles: "servid a los otros y ellos os
darán de comer". ¿A que os suena?
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