martes, 12 de noviembre de 2013

¡CHIFLA, CHIFLA...!

Seguramente todos conocemos el chiste del paisano que camina sobre la vía de ferrocarril y que oye repetidamente los pitidos del tren que se acerca y que, cansado de tanto aviso, masculla para sí: ¡Chifla, chifla, que como no te apartes tu...! Este personaje ¿de ficción? representa a las claras los que son el prototipo del empecinamiento extremo, lo que no quiere decir que sea una rareza en nuestro paisaje social; sólo hay que mirar nuestro entorno y ¿qué vemos?: una alcaldesa EMPECINADA que repite, incansable, el ¡chifla, chifla...! y, entre tanto, la basura sepulta Madrid, pero es igual ¡chifla, chifla...!
Quiero suponer que el alcalde o la alcaldesa que ha externalizado el servicio de recogida de la basura, es teóricamente para que el servicio funcione; si no es así, el máximo responsable del gobierno municipal tendrá que hacer algo: pues eso ¡chifla, chifla...!
Eres la empecinada
que no ve la basura,
por doquier apilada,
y tú ¡chifla... basura!

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