La sentencia sobre la catástrofe del Prestige ya tiene un culpable: el barco. Vivimos en un país "democrático, razonable y justo", sobre todo justo. Si los 4.328 millones de euros, que, según los técnicos es el monto de daños producidos, no pueden ser reclamados pues no hay culpable, tampoco podemos reclamar la dignidad de una sentencia en la que, al menos, se identifique, aunque fuera implicando leves penas, a los que llevaron a cabo tal desaguisado. Todo lo contrario, lo que se hizo es "lo único que cabía hacer". Y hablando de "prestige", con sentencias así la justicia pierde prestigio y credibilidad. Ahora ¡eso sí! no robes para paliar el hambre porque tienes muchas probabilidades de ir a la cárcel. ¡Nos mean y tenemos que decir que llueve!
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