Son muchos los pensadores que piensan que la cultura con su herramienta privilegiada, la lengua, prácticamente omnipresente, nos conforma, nos crea; la cultura construye el mundo en que vivimos. En nuestra realidad cotidiana tenemos muchas ocasiones de constatar esto: aquellos enunciados que cumplen con los requisitos exigidos por la "ortodoxia", por "el sentido común" o por lo que dice la ciencia por poner algunos ejemplos, serán validados como ciertos y reales. El problema viene cuando uno se pone a darle vueltas a esta concepción. Así, es cierto que el paro está bajando con fuerza en nuestro país, por lo que habrá más gente en disposición de ganarse la vida. ¿Es esto una verdad absoluta?, pues... va a ser que no: al final hay un número importante de gente a la que la ocupación, el tener un trabajo, no les está salvando de la pobreza, o si se prefiere no les permite ganarse la vida (esa que hemos construido con el lenguaje, esa tan cultural) y es que el tener hambre, el padecer necesidades esenciales insatisfechas no solo es una construcción linguística y por tanto cultural, es más bien un problema biológico y de supervivencia. La cultura, la lengua, no siempre sirve para llenar el plato y calmar las necesidades. ¡Si es que son unos postmodernos!
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