La educación gestual de las gentes intenta imponer una serie de códigos que pueden interpretarse como un buen vehículo de relación en el seno de eso tan complejo que hemos dado en llamar sociedad. Desde hace mucho tiempo moralistas, educadores y gentes de letras y cultura se han dedicado a "educar" el gesto. Esto, que sería algo deseable si su fin fuese igualador y facilitador, deja de serlo cuando uno entra en harina. Lo que uno descubre es una cantinela sexista, de sometimiento e incomunicación entre segmentos e individuos en la sociedad. Desde el Renacimiento este brío educativo se acrecienta... sobre todo en lo referente a las mujeres. Por poner un solo ejemplo traigo aquí lo que P. Burke escribe sobre el tema: "el anónimo Decor puellarum (1471) (...) recomienda a las jóvenes que mantengan los ojos en el suelo [es decir, miren al suelo], coman y hablen con gravedad, caminen y permanezcan de pie con la mano derecha sobre la izquierda y mantengan las piernas juntas para no parecerse a las prostitutas de Venecia. El gesto de cogerse una mano con la otra era una 'fórmula de sumisión' que se ve, por ejemplo, en algunas figuras femeninas de Giotto". No tiene desperdicio este cultivo del "parecer", del "aparentar"...; poco importa si a esto le acompaña una condición ética positiva para el conjunto social...; eso es lo de menos y así nos va.
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