2 de mayo 2017 La voracidad de estos saqueadores merece un castigo ejemplar más allá de
la justicia. Es una pena que no se pueda hacer realidad el mito de
Erisictón, hijo de Tríopas y príncipe de Tesalia; personaje que se
mofaba de las divinidades y cuya falta de respeto un buen día le llevó a
talar una gran encina de un bosque consagrado a Démeter -valga por los
dineros públicos, Automáticamente la diosa castigó a Erisictón a padecer
un hambre insaciable. El infeliz Erisictón terminó -el hambre es cosa
muy peligrosa- devorándose a sí mismo... Quizá -¡y ojalá!- tanta hambre
de los dineros ajenos acabe por devorar a los saqueadores y a quienes
les protegen.
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