24 de julio 2017 Una de las utopías más fantástica y golosa que uno pueda imaginar es
aquella que hace referencia a 'las islas afortunadas', el 'país de
Jauja', el 'pays de Cocagne', el 'paese de Cuccagna'. Se trata de un
lugares donde la vida es más que fácil, el clima es el ideal, y los
alimentos sin fin y, todo esto, para todos sin excepción. Transcribo
algunas aleluyas que tomo de Julio Caro Baroja ("Jardín de flores
raras"): "(...) En Jauja no hay pordioseros, / que todos son caballeros.
/ Los árboles dan levitas, / pantalones y botitas. (....) / Los lunes
llueven jamones, / perdices y salchichones. / Los martes pescados
fritos, / albóndigas y cabritos. / Los miércoles chocolate / y pollitos
con tomate. / Los jueves pavos asados / y pasteles hojaldrados. / Los
viernes queso, manzanas, / pasas, higos y avellanas. / Los sábados caen
manguitos / y cigarros exquisitos. / Y los domingos chuletas, /
panecillos y libretas (...)". Esto me lleva a otro aforismo, este caro a
todo tipo de gentes religiosas: "El cielo proveerá"... y seguimos
esparando a que caiga el maná tan de Jauja él. Aquí sólo unos pocos
viven en Jauja, Cocagne o Cuccagna y los más sólo lo viven como un sueño
imposible de materializar. Amigo Juan Luis Guerra, gracias por tu
deseo-sueño cuando cantas eso de " (...) ¡Ojalá que llueva café en el
campo / que caiga un aguacero de yuca y té / (...) Pa que la realidad no
se sufra tanto / ¡Ojalá que llueva café en el campo! (...),
inevitablemente siempre volvemos a ese paraiso de los pobres. ¡Bendita
lengua! ¡Bendita poesía!
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