20 de abril 2017 El sábado de carnaval salen, en Luzón, Guadalajara, los diablos a
interpretar una fantástica coreografía. Salidos del mundo de las
tinieblas, de los días sin luz, se empeñan en despertar los días
fecundos y fértiles de la primavera en ciernes. Días de promesas de
abundancia, que el cambiante clima materializará o arruinará. Los
cencerros funcionan a modo de despertadores y también como manera de
expulsar todos los factores negativos responsables de todos los
padecimientos del grupo social. Parece que no han servido de mucho ante
tanto sinvergüenza que hace su agosto en este maltratado país.
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